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Terapia de adultos:
una mirada profunda e integrativa

Consulta de psicoterapia con dos sillones verdes enfrentados y mesa de madera; al fondo, estanterías con libros y plantas, un cuadro abstracto y el lema «Un espacio para ti: escucha, comprensión, acompañamiento»

Un espacio para abordar una situación puntual, o para iniciar un proceso terapéutico más profundo, en función de las necesidades y objetivos de cada persona.

Según el objetivo

Una situación concreta

Cuando se atraviesa una situación puntual que está generando malestar, como un conflicto, una pérdida, una experiencia de bullying, estrés laboral, o un trauma reciente, entre otras, la terapia puede ser breve y focalizada. Un espacio para abordar directamente lo que está ocurriendo.

Un proceso más profundo

Cuando existen patrones que se repiten, dificultades en las relaciones, o un malestar que viene de atrás, la terapia puede abrir un espacio de mayor exploración y comprensión de la propia historia, para favorecer cambios más profundos y duraderos.

Mi método

Entiendo la terapia como un proceso vivo y único, sin fórmulas ni protocolos.

Mi manera de trabajar parte de una mirada global de la persona. Somos mucho más que nuestros pensamientos o nuestros síntomas: cuerpo, mente, emociones, experiencias y relaciones, están profundamente conectados, e influyen en nuestra manera de sentir, pensar, y actuar. Durante el proceso de terapia, exploramos cómo se relacionan estas dimensiones, para comprender mejor lo que está ocurriendo, y reconocer patrones que, en ocasiones, se mantienen de forma automática y pueden estar dificultando el cambio.

En esta mirada, nuestra historia tiene un papel fundamental. Las experiencias que vivimos durante la infancia, la manera en la que aprendimos a relacionarnos, a expresar nuestras necesidades, a sentirnos seguros, o a protegernos, pueden dejar una huella que continúa influyendo en nuestra vida adulta.

Por eso, en terapia podemos volver la mirada hacia nuestra infancia, para comprender el origen de algunos sentimientos, y de nuestras formas de pensar y relacionarnos. Muchas respuestas que hoy parecen difíciles de entender, pudieron tener sentido en otro momento de nuestra vida. Reconocerlo, permite empezar a mirarnos con mayor comprensión, y abrir espacio a nuevas formas de responder.

También podemos explorar la historia familiar y aquello que se transmite entre generaciones. Además de las experiencias que conocemos, existen patrones familiares, formas de vincularnos, creencias, y maneras de afrontar el miedo, el conflicto, o la pérdida, que pueden repetirse a lo largo de las generaciones.

Por eso, el proceso terapéutico es, ante todo, un traje a medida.

Todo ello nos ayuda a ampliar la mirada: no somos únicamente lo que nos ha ocurrido, pero comprender de dónde venimos, puede ayudarnos a elegir hacia dónde queremos ir.

Silueta de una persona caminando hacia la luz al final de un túnel oscuro

También incorporo una mirada sistémica y contextual: nadie vive aislado. La familia, la pareja, las relaciones, el trabajo, y las circunstancias vitales, forman parte de nuestra experiencia, y pueden influir, tanto en nuestras dificultades, como en nuestras posibilidades de cambio. Comprender estas interacciones, nos permite identificar aquello que estamos repitiendo, aquello que hemos aprendido y, también, los recursos que ya existen en nosotros.

Mi método, permite que cada proceso sea diferente, porque cada persona necesita ser escuchada y acompañada desde su propia historia, sus circunstancias, y sus objetivos.

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